dimarts, 21 de gener de 2014

Una generación proscrita. Eliseu Santandreu


La multinacional sueca IKEA convocó recientemente la selección de 400 puestos de trabajo para su centro en Alfafar (Valencia)  Para cubrir esa demanda se presentaron más de ¡¡100.000 personas!!  La proporción entre demanda y oferta fue de 250 candidatos por puesto de trabajo, a partes iguales entre mujeres y hombres, la gran mayoría jóvenes.

Sirva el prolegómeno para poner de manifiesto la enorme dificultad que supone a los jóvenes menores de 25 años el acceso a un puesto de trabajo, con independencia de la categoría laboral, calidad del contrato y condiciones económicas. Esa amarga realidad  contrasta con la euforia del Gobierno y las soflamas triunfalistas a las que nos someten a diario los gobernantes. España ostenta el deshonor de ser el país de la UE con la mayor tasa de paro juvenil, incluso adelantando a Grecia que hasta ahora era el furgón de cola.


El Gobierno español recibirá en breve 1.887 millones de euros  de los 6.000 millones de euros que Bruselas se ha comprometido a dedicar durante los años 2014 y 2015 a los países de la UE para la dinamización del empleo juvenil en el área de su influencia, por lo que será el país que más recibirá con respecto al resto de miembros.

Un curioso pero no sorprendente “aviso a navegantes” de Bruselas es que los fondos comprometidos se desembolsarán a medida en que se vayan presentando facturas. No es de extrañar esa condición si nos atenemos a los escándalos registrados en los últimos años por el uso de fondos públicos para la obtención del beneficio personal por quienes tenían la obligación de administrarlos.

La tasa de paro en España asciende a un 26,8%, la más alta de la UE, pero siendo preocupante lo es más que el 57,7% corresponde a la tasa de desempleo de menores de 25 años, es decir, seis de cada diez jóvenes de esa edad no trabajan.

Con los recursos que se recibirán, los responsables autóctonos en dar una solución a ese negro panorama ya tienen una excusa para demostrar que hacen algo, dejándolo al albur de los fondos europeos y así, sacudiéndose la responsabilidad que realmente les corresponde. Además se debe tener en cuenta que esos recursos se verán mermados por una abultada estructura de costes de gestión y administración de los mismos que, como ya es costumbre supondrán una importante mordida en detrimento de su destino.


Una vez más a este problema que supone el primero en preocupación de la sociedad se le está dando un tratamiento cortoplacista. Los actuales políticos trasladarán al problema a quienes les sigan acusándose mutuamente de los errores de los unos y los otros por acción u omisión. Mientras, los jóvenes ni perciben dinero por trabajar ni cotizan para tener una jubilación cuando les corresponda por edad, añadiendo un daño colateral por el hecho de no aportar al actual sistema de jubilación, todo ello agravado por el gran número de jóvenes, que son los mejor preparados y que han tenido que optar por el ostracismo.