dijous, 9 de desembre de 2010

El motín de los controladores. Eliseu Santandreu


Antes de comenzar, quiero afirmar rotundamente que los únicos perjudicados por el motín de los controladores, no tiene otro calificativo fueron los 600.000 pasajeros que vieron truncada sus esperadas –y costosas- mini vacaciones. Seis días a los que muchos de ellos tuvieron que renunciar, acortarlos si fueron los afortunados de volar el lunes o cambiar de destino, obviamente, pagando por ello. En cambio, ni los controladores, ni el Gobierno ni la oposición resultaron perjudicados por las razones que quiero exponer a continuación.

Los controladores no perdieron nada salvo la dignidad ante su actitud prepotente y carente de ética y haberse creado la antipatía de la ciudadanía por muchos años.  Estaban convencidos de que al tratarse precisamente de unas vacaciones y de la gran cantidad de pasajeros afectados, el Gobierno se acobardaría como ha venido ocurriendo durante décadas y con todos los Gobiernos democráticos, agravado por la ausencia de una ley de huelga por la reiterada oposición de los sindicatos.  

En esta ocasión, el Gobierno ha actuado como debía, sin por ello, apuntarse ningún mérito, pues esa era su obligación, mantener el orden público, lo cual fue posible más por la ejemplar actuación de los frustrados pasajeros y la demostración de la poca convicción de los amotinados por su decisión. Las felicitaciones que ha recibido el ejecutivo, ha obedecido más a la novedad que a la  norma.



En cuanto a la oposición, en el primer momento quiso aprovechar la ocasión para sacar partido contra el Gobierno, pero cuando vieron que los afectados desaprobaban la actuación de los controladores, cambiaron de opinión para que la ciudadanía no entendiera que se ponían al lado de los controladores, dejando esa labor a los tertulianos de siempre que colaboran con saña ante toda ocasión que suponga desprestigiar al Gobierno.

Por mi parte creo que todo acabará poco menos que en aguas de borrajas. El Gobierno y los controladores revisarán el célebre decreto y pactarán nuevas condiciones; el Gobierno quedará en tablas, repito, en esta ocasión; la oposición ha enseñado de nuevo sus colmillos, aunque sin éxito, y los pacientes ciudadanos deberán reclamar, papeleo, minutas de abogados, demandar, pérdidas de horas de trabajo en tramitaciones inacabables para, con mucha, muchísima suerte cobrar algo dentro de muchos meses o quizás años. Sinceramente, me gustaría errar en ese diagnóstico.

Quiero finalizas enviando mis más sinceras y emocionadas felicitaciones a los resignados ciudadanos que optaron por  morderse la lengua, dando una lección de civismo, educación y modos al no destrozar los aeropuertos afectados.