dilluns, 27 de febrer de 2012

Dignificar el negocio bancario. Publicat per Eliseu Santandreu el 25 de febrer a l'Econòmic.


 El sector de bancos y cajas de ahorros ha experimentado enormes cambios en muy poco tiempo. Hace solo doce años que se produjeron las grandes macro fusiones bancarias (BBVA y BSCH). Posteriormente llegaron otras “menores” como las del Sabadell o Popular que se quedaron con Urquijo, Atlántico, Guipuzcoano, la CAM, y el Pastor. Solo quedan, por el momento- el Banco de Valencia, Bankinter y Banesto. En el ámbito de las Cajas de ahorro, de las 45 habidas hace solo un año y medio quedan quince.

Los motivos que han obligado a reestructurar el sector bancario, han sido, entre otros: Los escándalos de las subprime y Lehman Brothers; las exigencias de los sucesivos tratados de Basilea; el meteórico proceso de fusión de las Cajas de Ahorro; el cierre de los mercados internacionales de capitales y del crédito; la morosidad generada por los excesos inmobiliarios; el coste de las guerras del pasivo; la propia crisis y los escándalos que han aflorado, todo lo cual ha conducido a tomar medidas de tal alcance que el sector quedará circunscrito a ocho o nuevo grupos.

La transformación del sector bancario, supondrá entrar en una nueva época en la que las relaciones banca-empresa-particulares cambiarán sustancialmente. El escarmiento y desconfianza generados por todo lo sucedido exigen nuevas y contundentes actuaciones entre las que destacan: a) mayor profesionalidad, b) mayor rigor, c) más ética y, d) erradicación de que las entidades financieras se crean a si mismas como el ombligo del mundo y que su papel se circunscribe exclusivamente a conseguir mayores beneficios año tras año, a cualquier precio. 





En el futuro, se debería dejar de ofrecer productos como swaps, tan complejos que solo entienden los expertos y con dificultades, o los tristemente de actualidad deuda subordinada y participaciones preferentes, tan mal comercializados, que los ahorradores se han sentido engañados sino estafados ya que en muchos casos no recuperarán el nominal que invirtieron en “productos de total garantía” o recuperarlos a muy largo plazo. Por cierto, ¿Alguien ha oído pedir disculpas por tales abusos?

Comisiones por usar cajeros automáticos; por descontar un cheque o realizar transferencias; por mantenimiento de todo tipo de cuentas que para captarlas primero imploraron e incentivaron y, una vez conseguidas, aplicarles condiciones leoninas amparados por la letra pequeña.

Si el cliente valorara que a cambio de esas comisiones recibe una calidad en el servicio las pagaría, igual que paga cualquier otro bien o servicio que le produce un rendimiento o utilidad. Pero lo que realmente percibe es que paga un dinero sin contrapartida alguna de tal manera que le encarece la operación de préstamo o le reduce la rentabilidad de su inversión.

No hacen falta grandes cambios ni reinventar el sector bancario. Basta con que las entidades se dediquen a su negocio tradicional, aunque adaptado a los nuevos tiempos y exigencias. La inobservancia de ese principio ha sido una de las principales causas de los recientes fracasos y desaparición de muchas entidades financieras. ¿Era correcta la gestión del activo basado en préstamos a un sector inmobiliario que había enloquecido? ¿Era la más adecuada la gestión del ahorro, informando mal e interesadamente con productos que solo beneficiaban a las entidades? ¿Era ético vender productos “importados” cuyo alcance y riesgo no entendían ni los empleados responsables de informar de los mismos? ¿Por qué no se ha informado sobre los productos garantizados por el Fondo de Garantía de Depósitos y la diferencia con los excluidos de dicho fondo? ¿Por qué no se han discriminado entre clientes dispuestos a asumir riesgos de aquellos que colocaban todos sus ahorros pensado en una próxima jubilación, basándose en la confianza de lo que le aconsejaba su “asesor” bancario? ¿Por qué el abuso de la letra pequeña que solo contempla derechos para la banca?

Los bancos necesitan borrar, en su propio interés y con urgencia, la imagen de usureros y el afán de beneficios a costa de sus clientes, erradicando toda actitud prepotente que tanto perjudica al cliente, siempre obligado a cumplir lo pactado, mientras la entidad actúa con todos los privilegios que impone su posición de fuerza.


A lo largo del año 2010 –último informe disponible- se presentaron 47.657 reclamaciones ante el Servicio de Reclamaciones del Banco de España. Se ha producido un fuerte aumento en el número de reclamaciones recibidas sobre operaciones de activo —préstamos y créditos—, que suponen el 49,1 % del total y un aumento del 46,6 % respecto al ejercicio anterior, frente al 19,3 % de las recibidas sobre operaciones de pasivo —depósitos—

El hecho más notable del informe es la fuerte incidencia de las reclamaciones sobre cobertura de riesgos de tipo de interés, que han aumentado un 340,4 % respecto al ejercicio anterior. Esta clase de reclamaciones representan un 40,7 % de las reclamaciones sobre las de operaciones de activo y un 20 % del total de las reclamaciones de 2010.